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Papas Santos de la Iglesia

No somos seres humanos con una experiencia espiritual,

somos seres espirituales con una experiencia humana.

 

Pierre Teilhard de Chardin

SAN GREGORIO MAGNO

Papa de 590 a 604

 

"La prueba del amor está en las obras. Donde el amor existe se obran grandes cosas y cuando deja de obrar deja de existir". - San Gregorio Magno

 

 

San Gregorio nació en Roma cerca del año 540.  Llegó al papado siendo el 64o vicario de Cristo y el primer monje en alcanzar esa dignidad, mientras Italia se encontraba en dificultades debido a las luchas entre ostrogodos y el Emperador Justiniano. Fue un hombre de una profundidad mística muy especial.

 

Provenía de una familia profundamente cristiana de la que ha llegado a los altares; sus padres y sus dos tías, En este ambiente de religiosidad se desarrolló su espíritu mientras Roma llegaba a lo más bajo de su caída. Su bisabuelo fue el papa Félix III (†492), su abuelo el papa Félix IV (†530) y dos de sus tías paternas eran monjas: Társila y Emiliana.  Gregorio estaba destinado a una carrera secular, y recibió una sólida formación intelectual. Gordiano el regionarius, padre de san Gregorio, tuvo tres hermanas que llevaron una vida ascética de reclusión religiosa en su casa. Los nombres de las tías eran: Tarsila, la mayor, Emiliana y Gordiana. Con más fuerza que el vínculo de la sangre, unía a Tarsila y Emiliana el fervor de sus corazones y su común caridad. Vivían en la casa que había sido de su padre, en el Clivus Scauri, como en un monasterio, y unas a otras se alentaban en las prácticas de la virtud por la palabra y el ejemplo, de manera que hicieron grandes progresos en la vida espiritual. Aunque Gordiana se unió a ellas, no tardó en cansarse del silencio y el retiro, y se sintió inclinada a adoptar otra clase de vida. Tarsila y Emiliana perseveraron en la senda que habían elegido, contentas en la paz de su retiro y en la entrega de su amor a Dios, hasta que fueron llamadas a recibir la recompensa de su fidelidad.

De joven, cuando tenía 34 años, se dedicó a la política y fue Prefecto de Roma, pero renunció por la incompatibilidad entre la vida pública y su vocación religiosa. Fue enviado como embajador ante la corte bizantina y al regreso a Roma se convierte en Abad del monasterio de San Andrés. El papa Pelagio II lo envío a Constantinopla el año 579 y permaneció como embajador seis años. En Constantinopla estableció magníficas relaciones con el Emperador Mauricio, con familias senatoriales romanas avecindadas en Constantinopla. También conoció allí a Leandro de Sevilla con quien mantuvo amplia comunicación epistolar.

 

A la muerte de su padre, en 575, convirtió su residencia familiar en el monasterio de San Andrés. Gregorio se propuso difundir la regla benedictina y llegó a fundar seis monasterios, aprovechando para tal fin los inmuebles de su familia que poseían en Roma y en Sicilia. Solicitó permiso para ir a evangelizar a los anglosajones, pero el pueblo romano pidió al Papa que no fuera así. De esta manera se convierte en secretario de Pelagio II.

 

Cuando una epidemia quitó la vida al Papa Pelagio, entonces el clero y el pueblo de Roma escogió a Gregorio como nuevo Papa. Como Vicario de Cristo, Gregorio se propuso varias acciones: catequizar, mantener disciplina, prohibir cobros injustos por servicios eclesiales, combatir la herejía nestoriana, contribuciones claves a la cristología, la evolución del canto gregoriano, etc. Se destacó como un buen administrador con quien los súbditos estaban contentos y con el manejo pecuniario adecuado. Solo Gregorio poseía los recursos necesarios para asegurar el suministro de alimentos de la ciudad y distribuir limosnas para los pobres. Para esto empleó los vastos dominios administrados por la Iglesia, y también escribió al pretor de Sicilia solicitándole el envío de grano y de bienes eclesiásticos.

 

Probablemente Gregorio fue la figura definitoria de la posición medieval del papado como poder separado del Imperio romano. La Iglesia romana adquirió gracias a él un gran prestigio en todo Occidente, y después de él los papas adoptaron titularse como él hiciera: "siervo de los siervos de Dios" (servus servorum Dei). Gregorio ofreció magnificas contribuciones a la Liturgia de la Misa y el Oficio. Tiene escritas muchas obras sobre teología moral y dogmática.

En una ocasión, Gregorio vio a un grupo de cautivos en el mercado público de Roma para ser vendidos como esclavos. Movido por la piedad y la curiosidad preguntó de dónde provenían. "Son anglos", respondió alguien. "Non angli sed angel" ("No son anglos sino ángeles"), señaló Gregorio, frase cuya una interpretación no literal podría ser: "no son esclavos, son almas".

 

Gregorio decidió enviar misioneros al norte, misión que estuvo a cargo del obispo Agustín de Canterbury. Cuando Agustín llegó a Inglaterra escribió una carta a Gregorio, preguntándole qué debía hacer con los santuarios paganos en donde se practicaban sacrificios humanos. Gregorio respondió: "No destruyan los santuarios, límpienlos", en referencia a que los santuarios paganos debían ser re-dedicados a Dios.

 

Gregorio no abordó ciertos tópicos de alguna connotación psicológica de modo aleatorio y como si solo fuera el resultado de la amplitud y dispersión de las materias tratadas, las cuales lo conducirían, de vez en cuando, a los dominios de la psicología. Al contrario, su interés por el "hombre interior", con sus reales móviles e intenciones, lo llevó  permanentemente al plano psicológico, de manera, que no es exagerado hablar del "Gregorio psicólogo".  Nos basta reconocer que Gregorio manifestó una sensibilidad y dotes psicológicas fuera de lo común y que, abordó determinados tópicos relacionados con este ámbito. Se advierte que el interés que manifiesta por estas materias no se dirige a la psicología por ella misma, sino de modo indirecto y mediato.

 

Sin embargo, supo apreciar, como pocos, la importancia de esta dimensión en la vida espiritual. Por lo mismo, aunque los desarrollos psicológicos que realizó nunca fueran, para él, un fin en sí mismos y siempre se encuentren orientados a la praxis cristiana, no por eso dejan de estar presentes y de ser susceptibles de un análisis relativamente independiente.

El celo de Gregorio fue extender la fe por todo el mundo. Su trabajo arduo, valioso y extraordinario le valieron el nombre de "El Grande". Gregorio Magno es patrono universal de los maestros junto con san Juan Bautista de la Salle y san José de Calasanz. Gregorio Magno es uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina junto con san Jerónimo de Estridón, san Agustín de Hipona y san Ambrosio de Milán.

 

Gregorio Magno tiene escritas muchas obras sobre teología moral y dogmática.  La herencia literaria de San Gregorio comprende una abundante selección de cartas y comentarios de textos bíblicos, además de los Diálogos y el libro de la Regla Pastoral. Sus obras fueron escritas en un espacio de diez años: la primera de ellas, el Comentario al libro de Job, se inició durante la legación en Constantinopla, es un manual de espiritualidad escrito para un público de minorías; las 22 Homilías sobre Ezequiel, comenzadas en el otoño del a. 593, son —según el testimonio de Juan Diácono— su última obra literaria. Las 40 Homilías sobre el Evangelio.  Los Diálogos, escritos entre los años 593 y 594, fueron probablemente su obra más difundida.

Según sus propias referencias, escribió Comentarios al Cantar de los Cantares, al Libro de los Reyes y a otros escritos sagrados, pero no es segura la autenticidad de todos los que se le atribuyen.

La actividad política de Gregorio Magno tuvo una gran importancia para el equilibrio político-religioso de la Europa medieval, su obra literaria constituyó hasta el siglo XII una incomparable fuente de meditación y de luz espiritual para todo el Occidente. A él se le atribuye también la compilación del Antifonario gregoriano, gran colección de cantos de la Iglesia de Roma. En su tiempo se convirtió Inglaterra y los visigodos abjuraron el arrianismo.

 

La Regla Pastoral, escrita en el a. 591, es una manifestación más de la preocupación pastoral de Gregorio, que describe su contenido del siguiente modo: "con qué cualidades debe uno llegar a la dignidad de la prelatura, y cómo debe vivir el que a ella ha llegado debidamente, y cómo debe enseñar el que vive bien; y el que enseña bien reconozca de continuo, con la mayor reflexión posible, su flaqueza; para que ni la humildad rehúya el acceso, ni la vida impida el arribo, ni la enseñanza contradiga a la vida, ni la presunción ensoberbezca a la enseñanza".  La aptitud para el cargo, la ejemplaridad de quienes lo ejercen, la pureza de la doctrina y la humildad personal son, pues, los puntos capitales de la Regla. Pronto se extendió por Italia, Hispania y Galia y entre los anglosajones y en el oriente griego fue conocida a través de la traducción del patriarca Anastasio de Antioquía (n. 609). Desde época carolingia se recomienda su lectura a los obispos antes de su consagración y ha sido apreciadísima hasta nuestros días.

 

Gregorio muere el 12 de marzo de 604. En 1295 fue declarado Doctor de la Iglesia por Bonifacio VIII. No hay información disponible de la fecha de su canonización: la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tener esta concreta información el día de hoy. Si se sabe  que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Papa.  Etimológicamente, Gregorio significa Vigilante o aquel que está siempre preparado, es de origen griego.

 

El miércoles 4 de junio de 2008, el papa Benedicto XVI ofreció una  audiencia general en que habló sobre San Gregorio Margo así:

 

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro encuentro de los miércoles, vuelvo a comentar hoy la extraordinaria figura del Papa san Gregorio Magno para recoger más luces de su rica enseñanza. A pesar de los múltiples compromisos vinculados a su función de Obispo de Roma, nos dejó numerosas obras de las que la Iglesia, en los siglos sucesivos, se ha servido ampliamente. Además de su abundante epistolario —el Registro al que aludí en la anterior catequesis contiene más de 800 cartas—, nos dejó sobre todo escritos de carácter exegético, entre los que se distinguen el Comentario moral a Job —conocido con el título latino de Moralia in Iob—, las Homilías sobre Ezequiel y las Homilías sobre los Evangelios. Asimismo existe una importante obra de carácter hagiográfico, los Diálogos, escrita por san Gregorio para la edificación de la reina longobarda Teodolinda. Su obra principal y más conocida es, sin duda, la Regla pastoral, que el Papa redactó al inicio de su pontificado con una finalidad claramente programática.

 

Haciendo un rápido repaso a estas obras debemos observar, ante todo, que en sus escritos san Gregorio jamás se muestra preocupado por elaborar una doctrina "suya", una originalidad propia. Más bien trata de hacerse eco de la enseñanza tradicional de la Iglesia; sólo quiere ser la boca de Cristo y de su Iglesia en el camino que se debe recorrer para llegar a Dios. Al respecto son ejemplares sus comentarios exegéticos. Fue un apasionado lector de la Biblia, a la que no se acercó con pretensiones meramente especulativas:  el cristiano debe sacar de la sagrada Escritura —pensaba— no tanto conocimientos teóricos, cuanto más bien el alimento diario para su alma, para su vida de hombre en este mundo.

 

En las Homilías sobre Ezequiel, por ejemplo, insiste mucho en esta función del texto sagrado:  acercarse a la Escritura sólo para satisfacer un deseo de conocimiento significa ceder a la tentación del orgullo y exponerse así al peligro de caer en la herejía. La humildad intelectual es la regla primaria para quien trata de penetrar en las realidades sobrenaturales partiendo del Libro sagrado. La humildad, obviamente, no excluye el estudio serio; pero para lograr que este estudio resulte verdaderamente provechoso, permitiendo entrar realmente en la profundidad del texto, la humildad resulta indispensable. Sólo con esta actitud interior se escucha realmente y se percibe por fin la voz de Dios. Por otro lado, cuando se trata de la palabra de Dios, comprender no es nada si la comprensión no lleva a la acción. En estas homilías sobre Ezequiel se encuentra también la bella expresión según la cual "el predicador debe mojar su pluma en la sangre de su corazón; así podrá llegar también al oído del prójimo". Al leer esas homilías se ve  que  san  Gregorio  escribió realmente con la sangre de su corazón y, por ello, nos habla aún hoy a nosotros.

 

San Gregorio desarrolla también este tema en el Comentario moral a Job. Siguiendo la tradición patrística, examina el texto sagrado en las tres dimensiones de su sentido:  la dimensión literal, la alegórica y la moral, que son dimensiones del único sentido de la sagrada Escritura. Sin embargo, san Gregorio atribuye una clara preponderancia al sentido moral. Desde esta perspectiva, propone su pensamiento a través de algunos binomios significativos —saber-hacer, hablar-vivir, conocer-actuar— en los que evoca los dos aspectos de la vida humana que deberían ser complementarios, pero que con frecuencia acaban por ser antitéticos. El ideal moral —comenta— consiste siempre en llevar a cabo una armoniosa integración entre palabra y acción, pensamiento y compromiso, oración y dedicación a los deberes del propio estado:  este es el camino para realizar la síntesis gracias a la cual lo divino desciende hasta el hombre y el hombre se eleva hasta la identificación con Dios. Así, el gran Papa traza para el auténtico creyente un proyecto de vida completo; por eso, en la Edad Media el Comentario moral a Job constituirá una especie de Summa de la moral cristiana.

 

También son de notable importancia y belleza sus Homilías sobre los Evangelios. La primera de ellas la pronunció en la basílica de San Pedro durante el tiempo de Adviento del año 590; por tanto, pocos meses después de su elección al pontificado; la última la pronunció en la basílica de San Lorenzo el segundo domingo después de Pentecostés del año 593. El Papa predicaba al pueblo en las iglesias donde se celebraban la "estaciones" —ceremonias especiales de oración en los tiempos fuertes del año litúrgico— o las fiestas de los mártires titulares. El principio inspirador que une las diversas intervenciones se sintetiza en la palabra "praedicator":  no sólo el ministro de Dios, sino también todo cristiano tiene la tarea de ser "predicador" de lo que ha experimentado en su interior, a ejemplo de Cristo, que se hizo hombre para llevar a todos el anuncio de la salvación. Este compromiso se sitúa en un horizonte escatológico:  la esperanza del cumplimiento en Cristo de todas las cosas es un pensamiento constante del gran Pontífice y acaba por convertirse en motivo inspirador de todo su pensamiento y de toda su actividad. De aquí brotan sus incesantes llamamientos a la vigilancia y a las buenas obras.

 

Tal vez el texto más orgánico de san Gregorio Magno es la Regla pastoral, escrita en los primeros años de su pontificado. En ella san Gregorio se propone presentar la figura del obispo ideal, maestro y guía de su grey. Con ese fin ilustra la importancia del oficio de pastor de la Iglesia y los deberes que implica:  por tanto, quienes no hayan sido llamados a tal tarea no deben buscarla con superficialidad; en cambio, quienes lo hayan asumido sin la debida reflexión, necesariamente deben experimentar en su espíritu una turbación. Retomando un tema predilecto, afirma que el obispo es ante todo el "predicador" por excelencia; como tal debe ser ante todo ejemplo para los demás, de forma que su comportamiento constituya un punto de referencia para todos. Una acción pastoral eficaz requiere además que conozca a los destinatarios y adapte sus intervenciones a la situación de cada uno:  san Gregorio ilustra las diversas clases de fieles con anotaciones agudas y puntuales, que pueden justificar la valoración de quienes han visto en esta obra también un tratado de psicología. Por eso se entiende que conocía realmente a su grey y hablaba de todo con la gente de su tiempo y de su ciudad.

Sin embargo, el gran Pontífice insiste en el deber de que el pastor reconozca cada día su propia miseria, de manera que el orgullo no haga vano a los ojos del Juez supremo el bien realizado. Por ello el capítulo final de la Regla está dedicado a la humildad:  "Cuando se siente complacencia al haber alcanzado muchas virtudes, conviene reflexionar en las propias insuficiencias y humillarse:  en lugar de considerar el bien realizado, hay que considerar el que no se ha llevado a cabo". Todas estas valiosas indicaciones demuestran el altísimo concepto que san Gregorio tiene del cuidado de las almas, que define "ars artium", el arte de las artes. La Regla tuvo tanto éxito que pronto se tradujo al griego y al anglosajón, algo más bien raro.

 

También es significativa otra obra, los Diálogos, en la que al amigo y diácono Pedro, convencido de que las costumbres estaban tan corrompidas que no permitían que surgieran santos como en los tiempos pasados, san Gregorio demuestra lo contrario:  la santidad siempre es posible, incluso en tiempos difíciles. Lo prueba narrando la vida de personas contemporáneas o fallecidas recientemente, a las que con razón se podría definir santas, aunque no estuvieran canonizadas. La narración va acompañada de reflexiones teológicas y místicas que hacen del libro un texto hagiográfico singular, capaz de fascinar a generaciones enteras de lectores. La materia está tomada de tradiciones vivas del pueblo y tiene como finalidad edificar y formar, atrayendo la atención de quien lee hacia una serie de cuestiones como el sentido del milagro, la interpretación de la Escritura, la inmortalidad del alma, la existencia del infierno, la representación del más allá, temas que requerían oportunas aclaraciones. El libro II está totalmente dedicado a la figura de san Benito de Nursia y es el único testimonio antiguo sobre la vida del santo monje, cuya belleza espiritual destaca en el texto con plena evidencia.

 

En el plan teológico que san Gregorio desarrolla a lo largo de sus obras, el pasado, el presente y el futuro se relativizan. Para él lo que más cuenta es todo el arco de la historia salvífica, que sigue realizándose entre los oscuros recovecos del tiempo. Desde esta perspectiva es significativo que introduzca el anuncio de la conversión de los anglos en medio del Comentario moral a Job:  a sus ojos ese acontecimiento constituía un adelanto del reino de Dios del que habla la Escritura; por tanto, con razón se podía mencionar en el comentario a un libro sacro. En su opinión, los guías de las comunidades cristianas deben esforzarse por releer los acontecimientos a la luz de la palabra de Dios:  en este sentido, el gran Pontífice siente el deber de orientar a pastores y fieles en el itinerario espiritual de una lectio divina iluminada y concreta, situada en el contexto de la propia vida.

 

Antes de concluir, es necesario hablar de las relaciones que el Papa san Gregorio cultivó con los patriarcas de Antioquía, de Alejandría e incluso de Constantinopla. Se preocupó siempre de reconocer y respetar sus derechos, evitando cualquier interferencia que limitara la legítima autonomía de aquellos. Aunque san Gregorio, en el contexto de su situación histórica, se opuso a que al Patriarca de Constantinopla se le diera el título "ecuménico", no lo hizo por limitar o negar esta legítima autoridad, sino porque le preocupaba la unidad fraterna de la Iglesia universal. Lo hizo sobre todo por su profunda convicción de que la humildad debía ser la virtud fundamental de todo obispo, especialmente de un Patriarca.

 

En su corazón, san Gregorio fue siempre un monje sencillo; por ello, era firmemente contrario a los grandes títulos. Él quería ser —es expresión suya— servus servorum Dei. Estas palabras, que acuñó él, no eran en sus labios una fórmula piadosa, sino la verdadera manifestación de su modo de vivir y actuar. Estaba profundamente impresionado por la humildad de Dios, que en Cristo se hizo nuestro servidor, nos lavó y nos lava los pies sucios. Por eso, estaba convencido de que, sobre todo un obispo, debería imitar esta humildad de Dios, siguiendo así a Cristo. Su mayor deseo fue vivir como monje, en permanente coloquio con la palabra de Dios, pero por amor a Dios se hizo servidor de todos en un tiempo lleno de tribulaciones y de sufrimientos, se hizo "siervo de los siervos". Precisamente porque lo fue, es grande y nos muestra también a nosotros la medida de su verdadera grandeza.

 

 

 

FUENTES DE INFORMACIÓN

www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=264

http://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno

www.monasteriosantacruz.com/blog/?p=478

http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=414

www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=58

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2008/documents/hf_ben-xvi_aud_20080604_sp.html

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